La seca y las visitas indeseadas

“Otra vez las abejas”. Nos despertamos y abrimos la puerta del cuarto, que hemos dado en llamar “cuarto de las abejas” y ahí estaban. Conté, eran 72 abejas muertas al pie de la ventana cerrada.

“Otra vez las abejas”, me dije y cerré la puerta para ir a desayunar y comenzar el ritual con el estómago lleno. Mientras tomaba el café, le escribí a Jussara: “Buenos días. Aquí yo con el problema de siempre”. Jussara respondió enseguida, el mensaje también el de siempre “ya contacté a Don Mauricio. Está en camino”.

Al medio día, el alto y moreno Mauricio, a quien tiempo atrás apodé de “El Abejólolgo”, ya estaba aquí mirando la ventana conmigo a su lado. “Hum…” suspiró, “Están ansiosas. En la noche cuando estén más calmadas, subiré a sacar la colmena”. Hace un año atrás habríamos tenido una larga discusión. Ahora, creo que Mauricio también está cansado, así que se marcha enseguida.

Hay una canción de Clara Nunes que me gusta mucho: “A seca é muito invejosa, seu moço eu não gosto dela” dice el coro. Yo también creo que la seca es muy envidiosa, tiene envidia de que uno esté en su casa en paz y entonces le trae a uno las pestes.

Yo sé que no debería llamar a las abejas de peste. Las pobres se están extinguiendo. Pero supongo que sería igual si tuviera cada año una invasión de osos panda en mi departamento. El hecho de saber que quedan pocos en el mundo no haría menos detestable que los encuentren subidos en mi mesa o comiendo encima de mi cama.

Aquí las lluvias nos dicen adiós en abril, a veces en mayo, cuando tenemos suerte. Así para julio las calles ya se ven sucias y uno se siente que tiene piel de una iguana. Cuando llega septiembre todo se pone peor. Septiembre es el mes más duro, entonces hasta la lengua parece pegársele a uno en el paladar de tan seco que todo está.

Con la ausencia de lluvias vienen las abejas, avispas, cucarachas y escorpiones. Pero las abejas son las más persistentes. Ya son varias secas que su visita ha representado un serio problema para los moradores de la ciudad. En nuestro viejo edificio, les encanta hacer colmenas en los huecos que, según Mauricio El Abejólogo, dejan los periquitos después de hacer su nido. Y por alguna fisura, que solo Dios sabe dónde está, consiguen entrar dentro del departamento incluso colocando mosquitero en la ventana, incluso cerrando la ventana, incluso tapizando la ventana con cinta adhesiva, incluso rodeándola toda de tubos y tubos de silicona. Las abejas siempre encuentran un modo de entrar.

Años atrás, teníamos largas discusiones con Mauricio El Abejólogo acerca de cómo, por dónde, cuándo, cuántas, cuáles, por qué…. Ahora no. Ahora sabemos que esto es cosa de cada seca y que cada seca él tendrá que colgarse del tejado con su traje blanco y retirar la colmena que cada seca volverá a instalarse afuera del cuarto de las abejas y yo volveré a escribir a doña Jussara que volverá a llamar a Don Mauricio que volverá a colgarse del tejado y volverá a sacar la colmena que volverá a instalarse…

En fin. Me dibujaré en la cabeza la invasión de pandas para pensar que hay cosas peores que tener que barrer cada mañana 72 abejas muertas al pie de mi ventana.

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