Nostálgico reporte meteorológico de Quito

mi-quito-lindoAhora que ya no estoy más a 2800 metros a nivel del mar y que mi ventana ya no da a un abismo que a su vez da a un valle, no me sucede nunca de ver que las nubes se apoderen de la ciudad y borren todo lo que tienen a su paso.

Revisando mis archivos esta tarde hallé un texto que me recordó que hace cinco años yo vivía en un simpático apartamento en el octavo piso de una bonita calle en Quito y entonces mi ventana me mostraba un cuadro completamente diferente. Por un lado mi ciudad natal con todas sus casitas y callejuelas, desde el Panecillo hasta más allá del aeropuerto, y por el otro las montañas y todo el verde del valle que se extiende a los pies de Quito. Aquel apartamento se ubicaba justo en la frontera donde termina la fría ciudad y comienza el descenso al cálido valle, dado lo cual era muy común que hacia el final del día nos llenáramos de nubes. Este viejo relato de aquellas tardes de neblina me provocó una bonita nostalgia, por lo que me pareció que merecía un lugar en este blog:

Quito, noviembre 2011:

Desde mi ventana veo venir la niebla corriendo. Sube apresuradísima rumbo a la Mariscal. ¿A qué se atrasa la niebla?. Avanza en frenética carrera desde el valle, y me da la impresión de que los habitantes de Cumbayá y Tumbaco tuvieron encerradas en sus casas cientos de nubes y ahora todos han abierto de golpe las puertas y la niebla huye, huye a empujones rumbo a Quito. Si alguien tocara ahora mismo mi timbre y me preguntara por la niebla yo podría dar detallada descripción de su paradero:

Llegó hecha una loca, nube tras nube atropellándose, y fue derecho hacia occidente. Parecía tener algo muy importante que hacer allá por la Mariana de Jesús. Pronto, el oeste desapareció devorado por el blanco. En mi ventana, Quito se volvió un dibujo del cual la niebla había borrada todo lo existente desde la avenida América hacia arriba.

Paulatinamente, el Panecillo, la Mariscal, La Carolina y todas esas calles llenas de pequeños carritos desaparecieron del lienzo de mi ventana. Ahora mientras escribo, solo quedan los pocos edificios que se refugian asustados detrás del mío. Allá a lo lejos, desde la ventana de mi madre seguro mi edificio es solo un ente imaginario que también ha desaparecido ya del lienzo de las ventanas de ella. Las nubes mientras tanto continúan subiendo: se empujan, se aprietan, quieren entrar todas, quieren adueñarse de la ciudad entera. Blanco tras blanco y Quito se va extinguiendo. Aquí vivimos en las nubes y yo he abierto las ventanas de mi casa para invitarlas a todas a pasar.

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Un comentario en “Nostálgico reporte meteorológico de Quito

  1. Para que los recuerdos del pasado sean bonitos, hay que fabricarlos en el presente y en fabricar bonitos recuerdos es usted una experta.
    Que Dios la bendiga.

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