El país de las bicicletas

Es reconfortante pensar que en este país donde se diseñan, inventan y reintentan autos y tantas otras tecnologías para la movilidad (como el tren más veloz del mundo, por ejemplo) un objeto tan antiguo y básico como la bicicleta sigue siendo el vehículo favorito de un gran porcentaje de la población.

Cuando llegué a Tokio me llenó de alegría ver que la gente aquí no solo usa la bicicleta, sino que además le saca el máximo de provecho posible. Así pues, al poco tiempo yo también compré la mía. Un lindo modelo azul de la marca Fila, que costó prácticamente lo mismo que una bicicleta sencilla en el Ecuador y que hasta posee su número de matrícula (del mismo modo que un auto) registrado a mi nombre para que la Policía la pueda localizar en caso de pérdida o robo. Sin embargo, nadie aquí se importa con la posibilidad de un robo.

 

Frente a cualquier supermercado es posible encontrar estacionadas unas 100 bicicletas y ninguna de ellas estará encadenada. El único seguro con el que la mayoría cuenta es un pequeño sistema que bloquea la rueda trasera y que yo personalmente, casi siempre olvido activar. Debo confesar que hasta dejé mi bicicleta, durante toda una noche, estacionada en la calle con el seguro abierto y ya he visto muchas parqueadas con varios paquetes en el interior de sus canastas. La única sorpresa que su propietario puede llevarse al buscarla nuevamente puede ser una multa por estacionarla en lugar indebido. Aún me pregunto cómo se supone que se pagan tales sanciones, pero ya lo descubriré cuando me caiga una…

Para evitar las multas basta utilizar los parqueaderos para bicicletas que los hay por todas partes. Usualmente, la primera hora es gratis, pero después hay que pagar por el lugar como cualquier otro vehículo. Lo mismo sucede en los edificios, el mío por ejemplo otorga dos estacionamientos por apartamento, pero si se desea tener una tercera bicicleta será preciso pagar unos 50 dólares mensuales por un espacio.

En esta ciudad no hay límites para utilizar una bicicleta. Desde oficinistas con terno, mujeres con falda y tacones, hasta abuelitas con sus perros en la canasta o amas de casa con las compras del mercado y los niños a cuestas, todo el mundo anda en bicicleta y todo el mundo parece adorarlas. Me pregunto si será por eso que Tokio no tiene ciclovías, si será que aprecian tanto la bicicleta que la consideran dueña de todas las calles y veredas de la ciudad y por ello no ven necesario crearle un carril exclusivo.

Aunque al principio resulta incomodo compartir la vereda con los ciclistas, a los pocos días también uno se suma al silencioso acuerdo de respeto mutuo entre motorizados, peatones y ciclistas. Y con el pasar del tiempo nada resulta más placentero que pedalear sin rumbo por las calles de Tokio, mientras el otoño va tornando roja la ciudad. Si me lo preguntan, yo diría que la vida aquí es mucho más feliz sobre dos ruedas.

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Mi primera multa

Tan pronto acabé de publicar este post salí de la cafetería a buscar mi bicicleta para volver a casa y aunque parezca una broma, he aquí lo que encontré: mientras escribía este relato acerca de las bicicletas, había dejado la mía impunemente mal parqueada.

Bastó decir que nunca había recibido una multa para ganarme una. Ya veré cómo descifro lo que dice este papelito rojo para saber cuánto, cómo y dónde debo pagar mi sanción.

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7 comentarios en “El país de las bicicletas

  1. Este es en verdad un vehículo muy eficiente para movilizarse, no sólo por su económico mantenimiento, el no uso de combustible, etc. sino también por la casi nula probabilidad de accidentes fatales.

    • Es verdad, no hay muchas probabilidades de accidentes fatales, a pesar de que no acostumbran utilizar casco. Sin embargo, debido a la cantidad de bicis y de transeúntes
      que hay, los accidentes menores sí son muy comunes.

  2. Qué emoció me ha dado leer tu post.. Me encanta que sigas escribiendo, porque así nos permites conocer este otro mundo, que por cierto es uno de los amores de mi esposo que también vivió allá por 4 meses y en ese cortito tiempo quedó cautivado de las maravillas de la cultura oriental… Ojalá un día acá en Quito lleguemos a ese nivel de civilización para entender que una vida amigable, parte por acciones chicas como estas de poder movilizarte en el medio que elijas con libertad y seguridad… Me encantó esa bici con 2 asientos para los guaguas!!!!!

    • Qué chévere Gio. Gracias por leerme. Te cuento que las bicis con dos asientos son súper comunes aquí, casi todas las mamás las usas.
      Un abracito para ti, tu esposo y tu bella bebé!

  3. Saludos Sandrita que gracias a Nelson me da la oportunidad de leer tus bien escritos comentarios sobre la vida de aquellos lugares que nos resultan desconocidos, Está demás decirte que tu estilo es muy agradable, fluido, suelto, que siendo conciso no deja de ser lo exactamente explicativo. Ojalá pueda seguir tus bien trazados reportajes que alimentan nuestra curiosidad. abrazos,

  4. Pingback: Mi primera amiga japonesa | Sandra Yépez Ríos

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