La pérdida de la sonrisa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Siempre le he dicho a Fábio que tiene una mirada muy elocuente. Ya llevo más de una década de conocerlo y he aprendido a leer todas sus miradas. Él, hombre de muy pocas palabras, es capaz de contar toda una historia con tan solo un vistazo, o destrozar uno de mis argumentos simplemente con un fogonazo de su vista.

En los tiempos que vivimos, creo que nos vendría bien a todos empezar a cultivar miradas elocuentes. O quizás, todos deberíamos comenzar a entrenar nuestra capacidad para interpretar a los demás viendo tan solo la mitad de la película.

Hemos perdido las sonrisas. El virus nos ha quitado tantas cosas, y entre ellas nos ha quitado mitad del rostro de todo el mundo.

Yo no puedo evitar pensar en Violeta. Dentro de seis semanas cumplirá dos años. Está en pleno proceso de aprender a ser persona, y la tarea se le presenta dura. ¿Cómo identificar si alguien está feliz o enfadado, o si es amigo o no, cuando solo tiene un par de ojos, media nariz y una voz que llega por el filtro de una tela?

Positiva como soy (o como dicen que soy) prefiero desviar la mente hacia cavilaciones más alegres. Pienso en aquellos que -ya sea por naturaleza o por algún desafortunado accidente- han pasado su vida habitando las sombras. Los imagino ahora, saliendo a pasear con sus mascarillas a plena luz del día. Andando por ahí con el corazón rebosante de la felicidad que les produce ver que otros transeúntes los ignoran, que ahora, quizás por primera vez en sus vidas, son iguales a todos los demás.

A mí, mientras tanto, los lentes se me empañan y lo detesto. Quisiera no tener que usar esa cosa nunca. Sé que Violeta piensa igual. A veces, da un salto particularmente alto y se siente orgullosa de sus habilidades. En seguida me mira en busca de una respuesta, y solo cuando empieza a fruncir el ceño en señal de confusión, caigo en cuenta de que estoy sonriéndole detrás de una mascarilla. Me la bajo a toda prisa para descubrir mi boca, para no perder el momento, para que entienda bien que yo comparto su alegría, para mostrarle que detrás de esa tela borradora de expresiones humanas, aún está ahí la sonrisa de su madre.

 

…………………..

Después de años de no hacerlo, últimamente he resuelto volver a dibujar. Ahora con un lápiz digital, una estupenda ayuda para una dibujante mediocre como yo. Este post es el primero de lo que espero será una serie de textos ilustrados con mis propios garabatos.

 

 

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