A mis hijas les regalo una amistad

Esta mañana me desperté, pero como diría Silvio Rodríguez “en el sitio en que estaba dormida, no encontré mi corazón”. Todo lo demás estaba perfectamente en su lugar de siempre. La cabeza sobre los hombros, como se acostumbra; las piernas con sus pies al final de cuerpo, las manos, los codos ásperos, el vientre aún hinchado y los senos duros propios de una puérpera. Todo era igual, solo me faltaba el corazón.

Busqué si estaba caído debajo de la cama, me levanté con prisa para ver si lo había dejado en el baño o en la sala. Revisé la casa entera, pero no encontré mi corazón.

Todo a mi alrededor estaba en armonía, mis dos hijas hermosas, el marido que amo, mis cosas, mis diarios de toda la vida, la ropa en los armarios, las ollas en la cocina, los discos junto al tocadiscos. Corrí al cuarto de visitas y encontré la puerta abierta y el lecho tendido y entonces recordé que Patricia se había marchado el día anterior. A esta hora debía estar durmiendo el cansancio de todo un día de viaje en su bonita cama de su pequeña y pintoresca casa, más de 6000 kilómetros lejos de mí. Me llevé la mano al pecho y pensé asustada “Mi hermana se me llevó el corazón con ella”.

Después de un mes de habitar en nuestra casa, de jugar a las muñecas con la niña grande y arrullar a la pequeña con canciones de Violeta Parra, de acompañarnos, entretenernos y ayudarnos tras la llegada de la bebé, se le había agotado el tiempo y se había tenido que marchar. Y sin darse cuenta, había empacado mi corazón en su maleta.

Yo sé que iré recuperando el corazón poco a poco. Al cabo de unos días habrá vuelto por completo al pecho y entonces la ausencia de Patricia ya no me dolerá más. Pero este extravío temporal ha servido para pensar, una vez más como tantas he pensado ya, que ella es una gran motivación para haberle parido su propia hermana a mi hija de 4 años.

Ahora que Celeste y Violeta se inauguran como hermanas, yo les deseo una amistad tan sólida, tan rica y maravillosa como la que tengo yo con mi propia hermana. Les deseo que se conozcan, se admiren, se apoyen y se hagan reír como no lo harán nunca con nadie más. Les deseo una vida entera de amarse con un corazón compartido, como solo dos hermanas pueden hacerlo.

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