Del cuando Clotilde escogió tener aspiraciones

Créditos foto: DeNNis_N2O de Reddit.com

El autobús avanza por la carretera polvorienta y Clotilde se aferra a la maleta que lleva en el regazo, mientras mira tímida por la ventana, como un niño que por primera vez viaja solo.

Se fue así, de pronto. Esa mañana se despertó pensando que hoy lavaría la ropa de color y bañaría al perro y terminó el día empacando una maleta y saliendo por la misma puerta que durante 10 años atravesó cargando compras o sacando la basura.

Clotilde fue fiel a la familia. Siempre hizo de la vista gorda cuando la pareja se peleaba y nunca se quejó cuando los niños volvían a ensuciar el piso que ella ya había limpiado. Se acostumbró a las cosas como eran y le fue regalando su vida a esa familia, un poco cada tarde, sin hacerse demasiadas preguntas.

Cuando a la señora le daba por echarle el sermón sobre “tener aspiraciones”, Clotilde escuchaba en silencio. Ella entendía que era importante eso de “tener aspiraciones”, lo que le faltaba era tiempo y dinero para alimentarlas. Y ahora, mirando por la ventana de este autobús a ninguna parte, Clotilde se pregunta si no estará ya muy vieja para concebir las tales “aspiraciones”. ¿A dónde van aquellos que a esta altura deciden cambiar de rumbo? ¿A dónde va este autobús al que, sin pensarlo, se montó ni bien llegó a la estación?

Clotilde se imagina trabajando en la heladería que funcionaba frente a la escuela de los niños. Ahí donde la clientela estaba comenzando a aprender la matemática y pagaba con puñados de monedas pegajosas, era un lugar que siempre le pareció feliz. Pero Clotilde ha subido de peso en los últimos años y ya se le notan las canas. Todas las muchachas que les proveían helados a sus niños a lo largo de sus años de primaria eran siempre jóvenes y delgadas. Clotilde se imagina que hacían este trabajo mientras, en paralelo, estudiaban para convertirse en grandes empresarias de prestigiosas heladerías. Eran, dirían la señora, muchachas con aspiraciones. Clotilde no puede evitar preguntarse si “tener aspiraciones” será un requisito para conseguir un buen empleo.

No hubo una razón concreta para marcharse. Ahora mismo quizás el señor se está preguntando por qué no hay una sola camisa planchada. Tal vez alguien ya reparó que el perro está hediondo. Y ¿dónde está Clotilde? ¿Era su día libre hoy? Quizás hasta se habrán preocupado de buena fe y comenzado a buscarla solo para darse cuenta de que casi no saben nada de ella. ¿Dónde podría haber ido? ¿En cuál ciudad vive su familia, si acaso tiene una?

Mientras ella sabe hasta los días en los que le viene el periodo a la señora, nunca pareció necesario compartir sobre Clotilde. Y Clotilde ahora se va en un autobús a no-se-sabe-dónde. Se va porque ya era hora, se va porque hoy no se le antojó más lavar la ropa o bañar al perro, se va porque esta mañana, de pronto y sin motivo, Clotilde escogió tener aspiraciones.