Un premio que demoró 30 años en llegar

Esta es la historia real, o en todo caso así es como mi papá nos la ha contado siempre. Eran los años 80 y mi papá trabajaba para la empresa pública de teléfonos, lugar al que le dedicó casi tres décadas de su vida. La compañía había resuelto actualizar sus equipos y había contratado para ello los servicios de la empresa NEC, de Japón.

Fue así como, un buen día, un grupo de funcionarios japoneses aparecieron por la oficina. “Hablaban algo de inglés y un poco de español, pero de alguna forma nos entendíamos”, cuenta mi papá.

Los japoneses, que habían llegado para instalar los nuevos sistemas y capacitar a los funcionarios sobre su manejo, se quedaron algún tiempo en el Ecuador y acabaron creando una buena amistad con mi papá. En los álbumes familiares aún quedan fotos de Sato-san y sus colegas sentados en la sala de mi casa, junto a mis hermanas y a mí.

Con los japoneses, mi papá no solo aprendió el manejo de los sistemas de NEC, también heredó algunas cosas de la cultura de sus amigos. Aprendió a jugar GO y recibió de obsequio un tablero de GO que cuidaba celosamente; aunque al cabo de los años, no pudo evitar verlo convertido en el juguete de sus tres hijas, que no tenían idea de cómo diablos funcionaba el juego. También aprendió algo de japonés. Hasta hoy recuerda los número del 1 al 10 y puede saludar y decir algunas palabras útiles.

Cuando el curso de capacitación terminó, los japoneses ofrecieron a la empresa un premio para el mejor funcionario. El premio consistía en un curso (algo así como una beca) a realizarse en Tokio. Para determinar el ganador, la compañía resolvió realizar un examen de conocimientos. “Todos estábamos, más o menos, seguros de que yo iba a ganar el concurso, porque las preguntas eran sobre los equipos, pero también había un examen de inglés y, en aquel entonces, yo era el que mejor hablaba inglés del grupo” relata mi papá.

El concurso se llevó a cabo y, en efecto, mi papá ganó, o al menos así es como él cuenta la historia; sin embargo, nunca viajó a Japón. “El concurso estaba amarrado. Parece que nuestro jefe tenía algún tipo de deuda con uno de mis colegas, así que el premio fue para él”.

Aún años después, cada vez que relata la historia, se puede notar la desilusión que sintió en aquel momento. “A mí siempre me gustó mucho Japón y yo sabía que merecía hacer el viaje”.

Al final, su colega viajó y la pasó de maravilla, mientras a mi papá solo le quedaron los regalos que los amigos japoneses le dejaron, y algunas carpetas y cuadernos con el logotipo de NEC, que durante muchos años rodaron por mi casa.

Han pasado más o menos 30 años desde aquel concurso amarrado. Y como la vida es tan curiosa, yo crecí, me enamoré y resolví mudarme a Japón. Cuando me marché (hace casi dos años ya) mi papá me dijo: “Estoy feliz porque estás haciendo el viaje que yo nunca pude hacer”.

Hoy, en esta mañana linda de Primavera, escribo este texto mientras un avión proveniente de América se acerca al Aeropuerto Internacional de Tokio, trayendo en él al verdadero ganador de aquel concurso. Con el corazón en la mano, hoy soy yo quien tiene la inmensa alegría de dar a mi papá la bienvenida a Japón.

Anuncios

7 comentarios en “Un premio que demoró 30 años en llegar

  1. Me encantó esta historia, muy humana y muy merecedora de estar públicamente relatada.estoy segura que tu padre pasara su mejor sueño en Japón. Tu sabes dar acogida y mucho cariño a quienes visitamos esas tierras tan lejanas. Disfruta a tu padre, en hora buena! Saludos, Jeanette.

  2. Ahora que ya estoy de vuelta en mi país, doy fiel testimonio de que lo más bello que actualmente tiene Tokyo es mi mega-hiper periodista Sandrita, quien gracias a Dios, me dio las más hermosas vacaciones que jamás me hubiera imaginado y enhorabuena que no fui a Japón, cuando siendo realmente merecedor de haberlo hecho hace 30 años, porque me enteré de que los que en aquel entonces fueron no la pasaron muy bien, porque con la ientención de ahorrar al máximo lo que les dieron como viáticos, se habían limitado en todos los gastos.
    Tokio me dejó impresionado por sus hermosos edificios y en general por toda su arquitectura, pero en honor a la verdad, lo que más llama la atención de todo turista es ver la vertical disciplina de su gente, el respeto incondicional al prójimo, el aseo impresionante de la ciudad y la más pulcra honradez en todos los sitios.
    Gracias hijita mia por ese gesto de amor tan bello para con su papito que siempre la seguirá amando intensamente…que Dios la siga bendiciendo para el bien de todos los que la amamos tantísimo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s