Carta al Verano que se extingue

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Querido Verano,

Por favor, no te vayas nunca de Ginebra… Sé que tu trabajo es repartirte por el mundo, que eres un errante que no puede habitar en un solo lugar por demasiado tiempo; pero quiero pedirte que te quedes aquí un poco más. A decir verdad, quiero pedirte que intentes darle una oportunidad a esta ciudad y eches raíces. Quédate Verano, quédate en Ginebra para siempre.

Contigo aquí todos somos felices. Hospedarte llena a los ginebrinos de tanta alegría que hasta organizan conciertos, fiestas y lanzan fuegos pirotécnicos en noches de agosto. Cuando tú estás, la gente deja de esconderse bajo abrigos y botas, se abren las ventanas de todas las casas y se respira el aroma del Ródano. Las chicas usan traje de baño y se sumergen en el lago Lemán, se echan a tomar el sol a la orilla del río y andan siempre con el cabello mojado y con la cara sonriente. Contigo, las mañanas le roban horas a la noche. Y mientras uno observa el sol ponerse a las 22:00, parece que la vida anduviera más lento y uno se siente eterno y jovial.

Ahora que conozco las estaciones he aprendido a quererlas a todas. Sé amar esa manera tímida con la que las hojas se desprenden de los árboles en Otoño o se escapan en estampida con el primer ventarrón. He llegado a deleitarme con el banal placer de sostener en las manos un jarro de chocolate caliente, mientras por la ventana observo nevar. Y he aprendido a renacer cuando la Primavera nos trae de vuelta los colores y la esperanza. Pero Verano, siempre has sido tú a quien más he amado, a quién más disfruto recibir en casa, a quién nunca quiero dejar ir.

Sé que hay lugares que te esperan, se que hay otras casas que merecen abrir sus ventanas y otras personas que añoran sacar trajes de baño del fondo de sus armarios. En fin, sé que hay otro corazones que abrigar; pero tan solo por esta vez, considera la posibilidad de prolongar tu estancia por aquí, todas las aves del Lemán y yo te lo rogamos…

Sandra

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Un comentario en “Carta al Verano que se extingue

  1. Usted, cuando muy niña mirando por la ventana me dijo un día “que lindo sería que todos los días del año fueran soleados”, y yo le contesté que de ser así, el verde de los prados no existiría y sólo veríamos en todo momento un triste desierto.
    Así como la naturaleza necesita de días lluviosos, y aunque parezca irónico, en ocasiones también nuestra vida necesita de malos ratos.
    “La vida es Bella… No te quejes porque las rosas tengan espinas. Mas bien agradece a Dios, que las espinas tienen rosas. Si algún día tropiezas, no importa…haz como el sol que cada noche cae, pero al amanecer se levanta con nueva fe y esplendor.”

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