Brasil y lo que ganamos con la derrota

Ayer, cuando el sonido de los petardos nos anunció el resultado de las elecciones (habíamos resuelto encerrarnos en casa y no escuchar ningún noticiero) sentí un nudo en la garganta, y conteniendo el deseo de llorar pensé “perdimos”. No perdieron los simpatizantes de Lula y el PT, ni perdieron los que ayer votaron por Haddad, perdimos todos. Perdimos mi hija y yo, que ni siquiera formamos parte del electorado brasileño pero sí del grupo afectado por sus decisiones. Perdimos los que creemos en la igualdad, en los derechos. En fin, perdimos todos.

Así me sentí anoche. Mientras arrullábamos a nuestra bebé para dormir, afuera sonaban los petardos y las voces de quienes desde sus ventanas gritaban de alegría porque con su voto habían logrado que perdiera el PT, sin importar que con eso perdiera también todo el país, incluidos ellos.

Ayer mirando a mi hija que hace solo tres meses comenzó su vida en este país, no pude evitar sentir ese horrible nudo en la garanta y ese sentimiento de absoluta derrota y desamparo.

Pero ayer fue el pasado, y hoy amanecí pensando diferente. Es verdad que en estas elecciones ganaron aquellos que antepusieron el egoísmo al bien común, y privilegiaron el odio antes que la razón. Y es verdad que Brasil perdió, y solo el futuro nos dirá cuánto. Pero no es verdad que lo perdimos todo.

No me he de permitir pensar que aquellos que creemos en la igualdad de género y de clase, en el amor libre y en un mundo sin racismo, exclusión o persecución hemos perdimos, si acaso solo ganamos una razón aun más poderosa para defender lo que es justo.

Quiero pensar que con el resultado de ayer, al menos hemos ganado la tranquilidad de no tener que ver personas protestando en las calles para reclamar privilegios que han asumido para sí como derechos. Quiero pensar que hemos ganado la oportunidad de participar con más fervor en cualquier marcha del orgullo GLBT que suceda, o cualquier manifestación en favor de los derechos de las minorías.

Y ya en lo más íntimo, el hombre que amo y yo seguiremos ganando las dichas cotidianas de una bebé que cada día nos ofrece una nueva sonrisa, igual que en una Violeta regala flores cada tanto. Y con ella, ganamos la posibilidad de criar una brasileña más que crea que hombres, mujeres, negros, indígenas y homosexuales merecen el mismo respeto y tienen todos los mismos derechos. Una brasileña que dentro de 16 años podrá ir a las urnas y votar de acuerdo a su consciencia, y sin odio escoger un futuro mejor para su país.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s