Quince años, quince mil fotos

Así que a lo largo de los últimos 15 años he recolectado nada menos que 15 mil imágenes de mi vida. En términos emocionales eso significa muchas cosas, pero en términos pragmáticos solo una: el espacio en mi vieja computadora estaba casi copado de fotografías y videos.

Conservar 15 mil imágenes requiere tener unos 130GB de almacenamiento, un espacio que no cualquiera puede permitirse. Así pues, resolví pagarle a Apple para alojar en su nube mis preciados recuerdos. Sería como haberles alquilado un pequeño departamento a mis fotografías para que vivan en internet en lugar de vivir en mi computadora. 

Pero la mudanza hacia su nuevo hogar no fue breve. Después de pasar unos cuantos días organizando y limpiando mi fototeca, el viaje de mis fotos y videos hacia la web comenzó un sábado y solo terminó el jueves. Después de cinco días transmitiendo casi ininterrumpidamente hacia la nube, mis fotos finalmente llegaron a su pequeño departamento en internet.

Todo el proceso me dejó pensando. Primero pensando en este mundo moderno donde no solo ya no tenemos cámaras con rollo, sino que prácticamente toda nuestra vida, nuestro trabajo, nuestros recuerdos y, ahora incluso gran parte de nuestras interacciones sociales, son digitales y en línea.

Pero sobretodo, el proceso me dejó pensando en mí misma, en esta acumuladora imparable de recuerdo que yo soy. Siempre pienso que si lo perdiera todo en la vida, quisiera al menos jamás ser despojada de mis recuerdos.

No solo están las 15 mil fotos de estos 15 años, también, y sobretodo, están las miles y miles de palabras. Llevo diario desde que tengo 11 años, y en la última década esa costumbre se ha vuelto tan constante que ya no caben más cuadernitos en mi mesa de noche.

Lo registro todo!. Escribo cada cosa cotidiana de mi vida y llevo diario por separado de las conquistas y avances en el desarrollo de mi pequeña hija. Y luego están estas miles de imágenes fijas y en movimiento. No hay mucho que se pueda hacer con ellas, más que imprimir de cuando en cuando unas cuantas centenas de fotos, o cada cierto tiempo volver a ver los videos, como aquel en el que mi hija, menudita y llena de sangre, se inaugura en este mundo haciendo pipi en la mano del obstetra.

Los actuales son los tiempos más extraños de todos. Tiempos en los que ni siquiera provoca guardar recuerdos. Es difícil escribir todos los días en el diario: hoy no hicimos nada, hoy completamos cuatro meses de no poner un pie en un restaurante, hoy la situación empeoró…

Pero ahí cuando la situación empeora es cuando más importan los recuerdos. Importa registrar esta desgracia que estamos viviendo, para leerla en el futuro y sentirnos dichosos de haberla superado. E importa conservar estos miles y miles de recuerdos, para alimentarnos con la vida que ya tuvimos y la vida que pronto volveremos a tener.

Si lo pierdo todo, si mañana la tragedia toca mi puerta; siempre se quedarán conmigo estos recuerdos, y siempre quedaré yo en los recuerdos de los demás.

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