Estos mis amigos adolescentes

Hablo poco de mi trabajo aquí. Por regla, creo que no hay que andar hablando acerca de trabajo cuando se está fuera de él. Salvo que uno sea domador de leones o buzo de mares profundos, a cualquiera le parecerá terriblemente aburrido saber cómo uno se gana el pan.

Esta tarde haré una breve excepción, solo justificable por el hecho de que mi trabajo es realmente inspirador. No adiestro leones ni navego mares, pero coordino un programa con jóvenes de todo el mundo que es digno de relatar.

Cada año seleccionamos un grupo de niños en varios continentes para involucrarlos en el trabajo de nuestra organización y eso conduce a que yo creer una cierta amistad con cada uno de ellos. Así, me enorgullezco de decir que tengo amigos adolescentes en todo el mundo, desde la pequeña isla africana de Comoras, hasta la vecina Colombia.

Estos, mis amigos niños, no son cualquier niño. Son chicos y chicas con historias increíbles, algunos sobrevivientes de abusos; algunos, víctimas en conflictos; y todos, comprometidos con hacer más que solo asistir a clases y vivir sus vidas.

Hay tanto que he aprendido de ellos, y suelo decirles que, ojalá, mi hija un día crezca para convertirse en una adolescente tan brillante y comprometida como muchos de ellos.

Los chicos y chicas me dicen cosas que me provocan extensas reflexiones, cuestionamientos e inclusive frustración. Y no puede evitar pensar en el tremendo potencial que la mayoría de ellos tiene. No puedo evitar pensar que, si fueran las mismas personas, pero vivieran en sitios diferentes, tendrían el mundo a sus pies. Unas ya serían parlamentares, otros ya serían artistas, otros escritores, otros inventores… Pero a sus talentos y a su ímpetu los rodean barreras y dificultades que yo no puedo ayudarlos a sortear y que, muchas veces, ni siquiera soy capaz de concebir.

Estos mis amigos niños me enseñan todos los días a ser más humilde y grata. Yo quisiera darles mucho más, a cambio de lo que recibo de ellos. Pero al menos esta tarde, he querido darles este homenaje, aunque nunca lo lleguen a leer.

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