El verde sabor de mi país

IMG_3175Una fiesta, un par de cenas y muchos amigos es lo que hace falta para desaparecer 7 kilos de plátano verde en menos de tres semanas. Eso sumado a mucha nostalgia por tu tierra y un marido brasileño con un pedacito de corazón ecuatoriano.

Cuando vivía en Quito jamás compré un solo verde en mi vida, nunca freí un chifle, ni se me habría ocurrido siquiera la desquiciada idea de hacer yo sola 30 empanadas de verde en una tarde. En la cocina de mi madre siempre han habido plátanos verdes y eran tan cotidianos en mi vida que jamás creí que un día los iba a echar de tal modo de menos que llegaría al extremo de comprar toda una caja.

Todo comenzó con una publicidad que aparecía insistentemente cada vez que entraba al Facebook. “Reciba plátanos verdes ecuatorianos en su casa. Envíos a todo Japón”. Me tomó unos días creerme el cuento y animarme a comprarlos: la caja más pequeña contenía casi 30 plátanos, yo que nunca había comprado un solo verde, ¿qué diablos iba a hacer con 30?. Obviamente era eso o nada, pues en Tokio no hay ningún supermercado que venda algo tan exótico como esa enorme banana dura y verde que nadie tiene idea de cómo se debe comer.

Acabé ordenándolos y la misma noche que los recibí, pelé un par a toda prisa y maté la gana de bolones de verde, un antojo que me había perseguido por meses y que fue la razón principal de mi compra impulsiva. El sonido de la olla de presión y el olor al plátano cocinándose inundó la casa y en seguida me devolvió a las tantas mañanas que desperté con ese mismo aroma y con la imagen de mi madre preparándolos para el desayuno:

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En seguida me entusiasmé por experimentar con mis verdes tantas alternativas como me fuera posible y compartirlos con tantos amigos como pudiera. Hice casi 50 boloncitos para servir en una fiesta donde creo haberlos difundido entre al menos unas 10 nacionalidades diferentes. Me parece que tuvieron éxito, especialmente acompañados de un ají de maracuyá, hecho a base de una pulpa de fruta, que milagrosamente hallé por ahí (sobra decir que en Japón no hay maracuyá en ningún supermercado). Hice patacones con queso y chifles para regalar a algunos amigos que jamás habían probado algo similar al plátano verde.

IMG_3176Me divertí viendo las reacciones de las personas con las que compartí mi comida y observándolos comer con tal curiosidad algo que para mí siempre fue tan corriente. Fábio y yo disfrutamos de varias mañanas desayunando tigrillo con café. Un plato típico de la tierra de mis ancestros (Zaruma)  una delicia que por supuesto no podía quedarse fuera de mi pequeño festival gastronómico:

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Pero quizás lo que más trabajo y a la vez más regocijo me provocó fue hacer empanadas de verde, algo que es tan común en Ecuador que casi nadie se toma la molestia de hacerlas en casa dado que las venden listas en cualquier supermercado y son de lo más deliciosas. Las hice grandes rellenas con carne:

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Y también las serví pequeñas, con queso y salsita de ají:

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Finalmente, cerré con broche de oro el festival del plátano. Durante todos estos días mientras pasé pelando, cocinando, friendo y horneando verde, dejé dos a madurar y al final nos deleitamos con unos maduros rellenos con queso que casi nos hicieron lamentar el no haber puesto a madurar todos los 30 plátanos:

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Pero más allá de los sabores, lo mejor de la experiencia gastronómica fueron los positivos sentimientos que trajo consigo. Nunca creí que disfrutaría tanto de pasar tres semanas comiendo verde en todas sus formas, y nunca antes paré para reparar lo creativa que es nuestra gastronomía ecuatoriana, al punto de haber inventado tantas alternativas para comer una misma fruta en las múltiples etapas de maduración.

Esos 7 kilos de plátano verde fueron una de las mejores compras que he hecho en los últimos tiempos, y todo gracias a la nostalgia y a los queridos amigos que estuvieron abiertos experimentar el sabor de ese maravilloso país del que yo vengo.

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Un comentario en “El verde sabor de mi país

  1. Ha relatado tan bien esta sabrosa experiencia que, hasta me parecio estar saboreando un sabroso bolón con cafe.
    Lo bueno de su éxito con el plátano verde es que Dios le ha dado la habilidad, entre otras, de ser una buena cocinera y desde luego una excelente ama de casa.

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