El día de júbilo en que hallé colada morada en Ginebra

La deliciosa colada morada de Mari y mis coquetas guaguas de pan

La deliciosa colada morada de Mari y mis coquetas guaguas de pan

Cuando me preparaba para dejar Japón comencé a temer por la nostalgia que vendría a apoderarse de mí cuando estuviera finalmente partiendo. Tokio había sido mi hogar por casi cuatro años y conforme se acercaba el día de marcharme yo esperaba el inminente momento en que me echaría a llorar, pero ese momento nunca llegó. Vinieron días de mucha melancolía, de andar con el corazón estrujado y suspirar mirándolo todo con una anticipada añoranza, y al fin me marché, triste y agradecida, pero sin lágrimas.

Han pasado casi 9 meses desde entonces y todavía echo de menos Japón. Sin embargo, aquel día cuando partí sin llorar comprendí que no hay nostalgia que se compare a la nostalgia de tu propio país. Ese hueco que queda en el pecho, esa ausencia de todo y de todos que te acompaña como una sombra día y noche, eso es algo que solo lo causa tu único hogar.

A Japón lo echo de menos, pero Ecuador me hace falta. De Japón extraño la cordialidad de la gente, la delicia de su comida, los rincones bonitos. De Ecuador lo extraño todo, desde los momentos banales hasta las tradiciones más especiales, y si hay una que echo particularmente de menos es el Día de los Muertos.

Guaguas de pan listas para entrar al horno

El antes: guaguas de pan listas para entrar al horno

Para aquellos que no lo saben, en Ecuador cada Día de los Muertos la tradición manda preparar “colada morada”, una bebida caliente a base de frutas y harina de maíz que se acompaña con “guaguas de pan” (guagua significa bebé o niña en quichua). Es de todas las festividades la más linda: por doquier se vende colada calientita y guaguas de todo tipo color y relleno (usualmente se las rellena de mermelada o chocolate). Las familias se reúnen para hornear el pan, para decorar las guaguas o simplemente para comer todos juntos.

Cuando vivía en Ecuador me empachaba de colada y guaguas desde que comenzaban la temporada hasta el último día que era posible hacerlo. Ahora, cada vez que regreso al país, mi bella mamá me recibe con una olla repleta de mi bebida favorita, que aunque siempre me sabe a gloria no evita que cuando el Día de los Muertos me sorprende otra vez lejos de casa, la nostalgia se apodere de mí.

Morenitas guaguas de harina integral rellenas de mermelada y con ojitos de chocolate

El después: morenitas guaguas de harina integral rellenas de mermelada, con ojitos de chocolate y boca de almendra

Pero este año por primera vez fue diferente. Hoy escribo mientras en el horno se cuecen las guaguas que yo misma preparé para conmemorar este feliz día en que, de pura y milagrosa casualidad, conocí a la vecina Mari y su espectacular colada morada. Mari administra un restaurante a solo pocas cuadras de mi casa. Un restaurante que de lunes a sábado vende todo tipo de comida, pero que cada domingo se convierte en el escondite de todos ecuatorianos nostálgicos que habitan en Ginebra.

Mari es guayaquileña, se advierte desde la entrada por la bandera de Guayaquil que ondea junto a la de Ecuador en la puerta del restaurante, donde un letrero anunciaba: “Domingo ecuatoriano”. Y bastó entrar para sentirme que había vuelto a casa. Mari nos contó que todos los domingos prepara exclusivamente menú de Ecuador: encebollado, seco de chivo, hornado, fritada y montones de patacones, chifles y tostado, acompañados de ají bien picante. “Porque el buen ecuatoriano siempre come con ají”, nos dijo sonriente.

Mari recitando unas coplas montubias durante la fiesta ecuatoriana

Mari recitando unas coplas montubias durante la fiesta ecuatoriana

Este pequeño oasis y su menú de mi tierra ya era mucho más de lo que esperaba encontrar este domingo. Pero la alegría de este descubrimiento se convirtió en júbilo al ver que aquí me estaba esperando aquello que yo tanto añoraba. Además del encebollado y la fritada, Mari se había dado el tiempo de preparar una buena olla de colada morada!

Y para hacer la casualidad aún más afortunada, justo este domingo el restaurante de Mari celebraba su primer aniversario y en el salón había fiesta con baile y amorfinos incluidos. Al final de la celebración, volví a casa con la barriga llena, con el corazón rebosante y con un litro de colada morada en las manos, un tesoro por el cual valía la pena pasar tres horas en la cocina horneando unas guaguas de pan que hicieran honor a la tradición.

Hoy se acaba el feriado en Ecuador y ya no será más Día de los Muertos, allá nadie estará comiendo más guaguas de pan o bebiendo colada, pero en esta casa en el centro de la ciudad de Ginebra, mañana se desayunará ecuatoriano. Porque estar lejos nunca ha de impedir sentirnos cerca.

Gracias Mari!

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